Hace más de 30 años que el holandés
Benno Thoma decidió visitar el país de los Otomanos. Y tanto le
cautivó el Bósforo, sus paisajes y sus hombres, que aquel viaje
supuso el inicio de una carrera profesional y vital ceñida a la
pasión. Una pasión desbordante que se muestra en cada una de las
muchas fotografías que llevan su firma, en las que ha llegado a
inmortalizar, para deleite nuestro, a una orgía interminable de
chicos desnudos de todo el mundo. Como muestra ahí están sus
álbumes y calendarios, entre los que destacan: Absolute Sweden,
Somos cubanos y Around the Globe.
De la agencia de viajes de Estambul, en
la que Thoma empezara a trabajar, le vino el primer empuje para
acometer el que sería su futuro ligado al arte
homoerótico, hasta su colaboración con la firma de porno Bel Ami.
Después llegarían sus viajes alrededor del mundo, donde plasmaría
álbumes enteros repletos de chicos hermosos, que entraron en los
sueños de tantos y tantos aficionados al arte fotográfico del
desnudo masculino.
Para Thoma, la luz ambiental es algo
primordial en sus creaciones. En realidad, puede decirse que se
siente mucho más a gusto cuando trabaja en espacios cálidos, a
pleno sol, o en interiores iluminados naturalmente. En su opinión,
el fotógrafo nunca debe trabajar con luz artificial. Se esté o no
de acuerdo en esta afirmación, lo cierto es que Benno Thoma hace
alarde de una naturalidad excepcional en todos sus trabajos, tanto en
los que tratan el desnudo masculino, como los que recogen espacios
arquitectónicos exteriores e interiores.
Aunque muchas veces le hemos visto en distintos medios de comunicación, lo cierto es que su
vinculación a Bel Ami le ha supuesto a veces una rémora para acreditar su aserto creativo. A nosotros, al menos, no nos cabe la
menor duda de su talento y su capacidad para extraer todo lo mejor de
unos increíbles rostros y cuerpos juveniles, que a más de uno
quitarían el sueño.
Contemplando sus fotografías de
desnudos es fácil comprender por qué el fotógrafo holandés quedó
enamorado del sol del Bósforo. No ha sido el primero en quedar
cautivo por el hechizo turco, ni tampoco será el último. Porque, una vez
más, la pasión se ha apoderado furtivamente de nuestros
cuerpos y de nuestros más íntimos sentimientos gracias a Benno
Thoma.



























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